San Ambrosio



San Ambrosio nació en el año 340 en Tréveris, Imperio Romano; y falleció un 4 de abril del año 397 en Milán, Imperio Romano de Occidente.

Ambrosio, venia de una familia que era de sangre noble y cristiana, sin embargo, él no estaba bautizado. Su padre murió cuando él era muy joven, esto hizo que fuera a Roma, apenas era un muchacho, pero se comenzó a preparar en una carrera civil, recibió muchísima instrucción jurídica y retórica.

Se había previsto que Ambrosio terminara convirtiéndose en un funcionario del imperio. Al final de cuentas, el acabo trabajando en un lugar llamado Sirmio, todo bajo el prefecto de Sexto Petronio Probo, estamos hablando de alguien que en aquellos tiempos se consideraba como una personalidad muy relevante, quien ahí por los años 372 / 73 le dio como una encomienda, una provincia llamada Aemilia – Liguria. Este lugar estaba ubicado en Milán, en aquellos tiempos se trataba de un lugar imperial.

Logros de San Ambrosio en la iglesia

  • El episcopado

La diócesis de Milán, tenía un problema de división entre los católicos y los arrianos, esto era algo que pasaba en aquellos tiempos en toda iglesia. Ahí por el año 374, luego de que haya muerto un arriano llamado Auxentius, tuvo la oportunidad de acudir de forma personal a la basílica, lugar en el cual se llevaba a cabo la elección, todo pensando en que no se diera ningún conato de rebelión. Dice la tradición que en cierto momento que estaba dando su discurso, de pronto un niño gritó de forma muy fuerte “Ambrosius episcopus”

Él era un candidato que todos aceptaban, sin embargo, no quiso ser elegido, porque consideraba que él no se encontraba listo para algo como esto.

Ya convertido en obispo, tuvo la oportunidad de adquirir grandes conocimientos en teología, tomó la decisión de hacer estudios completos de la Biblia y también los autores griegos, entre ellos podremos mencionar a Filón, Atanasio, Orígenes y Basilio de Cesárea, con ellos estuvo durante un tiempo compartiendo correspondencia.

La mezcla de estudios al lado de las sagradas escrituras, fue algo que logro nutrir al máximo todas sus actividades, mejoró las predicaciones y logro aprovechar los conocimientos anteriores que tenía en griego, se convirtió en todo un líder de la iglesia católica.

Luego tuvo la oportunidad de hacer la introducción del canto ambrosiano, el mismo le dio el nombre. Tenía mucho carácter, interpretaba la biblia de forma increíble, al punto de impresionar a Agustín en una pascua que se llevó a cabo en el año 387, se le bautizo como Ambrosio.

Se le considera después de San Hilario, como el primero de los Padres que tuvo la iglesia occidental, esto en lo mejor de la época Patrística, junto a otros con los que no se llevó nada bien, se trata de San Jerónimo y San Agustín.

Oracion a San Ambrosio

San Ambrosio nos enseñó, sobre todo el aprender a controlar nuestra lengua para ser correctos ante Dios, y aceptar que la misericordia de él con nosotros es muy grande.

¡Piadoso Señor Jesucristo!, yo, indigno pecador, confiado en tu misericordia y bondad más que en mis propios merecimientos, me acerco, con temor y temblor, a tomar parte en este banquete suavísimo del altar.
Reconozco que tanto mi corazón como mi cuerpo están manchados con muchos pecados y que mi mente y mi lengua no han sido guardados cuidadosamente. Por todo lo cual, ¡oh Dios piadoso!, ¡oh Majestad tremenda!, yo miserable, en medio de tantas angustias, recurro a Ti, que eres fuente de misericordia.
A Ti acudo en busca de salud y me acojo bajo tu protección, y ya que me es imposible soportar tu mirada de juez irritado, deseo vivamente contemplarte como mi Salvador.
A TI, Señor, descubro mis llagas y mi vergüenza, conozco que Te he ofendido frecuente y gravemente, y por eso me inspiras temor, mas espero en tu misericordia infinita.
Mírame con ojos misericordiosos, Señor Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre crucificado por los hombres. Oyeme, pues en Ti tengo puesta la esperanza, apiádate de mí, que estoy lleno de miserias y de pecados, Tú que eres fuente de misericordia, que no cesa jamás de manar.
Salve, víctima de la salvación, ofrecida en el, patíbulo de la cruz por mí y por todo el linaje humano. Salve, noble y preciosa Sangre, que mana de las llagas de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, y lava todos los crímenes del mundo.
Acuérdate, Señor, del hombre que has rescatado con tu Sangre. Me arrepiento ya de haberte ofendido, y propongo enmendarme en lo sucesivo.
Padre clementísimo, aleja de mi todas mis iniquidades y todos mis pecados; para que purificado de alma y cuerpo, merezca entrar dignamente en el Santo de los Santos.
Que este Cuerpo y esta Sangre que deseo tomar, aunque indigno, sirva de remisión de mis culpas, para purificar totalmente mi alma de sus delitos, para ahuyentar los pensamientos torpes, para dar eficacia a las obras que a Ti agradan y finalmente, para firmísima protección contra las asechanzas del enemigo de mi alma y de mi cuerpo. Amén.

Otros doctores de la Iglesia:

San Alfonso Ligorio
San Anselmo
San Basilio Magno
San Bernardo de Claraval
Santa Catalina de Siena
San Cirilo de Jerusalén
San Francisco de Sales
San Gregorio Nacianceno
San Isidoro de Sevilla
San Juán Crisóstomo
San Juán de la Cruz
San Lorenzo de Brindis
San Pedro Crisólogo
San Roberto Belarmino
Santa Teresa de Lisieux
San Antonio de Padua
San Ambrosio
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