Parábola de los convidados a las bodas



La  parábola  de los convidados a las bodas  se hace referencia a un mensaje  claro y cuya comprensión resulta crucial e indispensable para nosotros, pues es de una grandísima importancia, ya que conlleva una gran enseñanza, aplicable en cada momento de nuestras vidas, y un valor que es fundamental; la humildad.

Sólo sabiendo bien quienes somos, conociéndonos y aceptándonos, podremos aceptar con verdadera modestia lo que nos sea concedido, además valorarlo y agradecer por ello, sin ninguna sensación de soberbia o sentimientos de frustración.

Enseñanzas de Parábola de los Convidados a las Bodas

‘’Cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. ’’ Lucas 14:11. En estas cenas, en los círculos judíos los puestos de la mesa donde se hacia la cena eran valorados y, además, asignados, según la importancia del invitado. Los fariseos, en condición de hacerse notar  y de querer destacarse entre los demás invitados anhelando ser invitado de honor, planeaban su llegada para que así fuese todo más espectacular, más impactante, siempre codiciando los lugares donde se pudieran distinguir del resto de los invitados.

En cambio, la lección de Jesús es que jamás debemos buscar, a primera instancia los primeros puestos, sino que debemos, con humildad, esperar que el anfitrión nos asigne el lugar correcto. Es entonces cuando se deja apreciar el mensaje: todos somos iguales ante los ojos de nuestro Señor.

No tendrá sentido ni trascendencia buscar, motivados por el absurdo del orgullo o por la soberbia, destacarnos entre los demás. ¿Qué ganamos realmente, más allá de alimentar un insaciable y corrompido ego? Debemos comprender, desde el corazón y el más profundo conocimiento, que la única forma de alcanzar el Reino de Dios es a través del mantenimiento de un espíritu humilde, el cual empieza, con total honestidad y transparencia, en lo profundo del corazón.

Reflexiones de Parábola de los Convidados a las Bodas

Debemos conocer y aceptar nuestra condición, saber en todo momento que lo que somos y nuestras bondades y talentos se los debemos al Señor, y agradecer  y sacarles provecho, siempre, el máximo, manteniendo nuestra mirada en Dios y nuestro corazón obrando por él, con él y en él, pues la gloria es suya y no debemos ser objeto de la soberbia vanagloriándonos con triunfos, con asunciones, con absurdas celebraciones que sólo le hagan honor y realmente celebren al orgullo y al ego, con quienes debemos luchar día a día, para mantenernos humildes y puros, pero desde el entendimiento, desde la razón, el corazón y desde nuestra fe.

Es una lección de vida que debemos aplicar día a día, pensando antes de actuar; de decir, de hacer. Que nuestras palabras sólo sean pronunciadas cuando sean mejor que el silencio, que sólo empoderen y engrandezcan a quienes nos rodean, a quienes vayan dirigidas.

Versículos de la Parábola de los Convidados a las Bodas:

Lucas 14:7-14

No seamos déspotas o hipócritas y mantengamos nuestro raciocinio pulcro y libre de malas intenciones o malinterpretaciones.

Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles:

Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él,

y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar.

10 Más cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa.

11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

12 Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado.

13 Más cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos;

14 y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

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