Parábola de la gran cena



La Parábola de la gran cena se transmite un mensaje hermoso, profundo y fundamental en la enseñanza; se trata de la nobleza del corazón de Jesús, como hijo de Dios enviado para acercar al pueblo de Israel ante el Padre. Haciéndolo entonces mediante la invitación a una gran cena en su casa, lo que se ha de interpretar como; invitándoles al perdón de sus pecados, a la salvación, al Reino de Dios.

Sin embargo, desde la ignorancia, incredulidad, escepticismo, el ego y un sinfín de cosas más, el desenlace de la invitación y de las respuestas de los invitados no serán las más esperadas, por lo que el Señor deberá encomendar a Jesucristo una manera de atraer a las personas, a los invitados, para que, en necesidad de él y de la salvación, acudieran al llamado del Señor.

Enseñanza de la parábola

El hombre que hizo esta gran cena, representa a Dios, que convidó al pueblo israelí, a través de su siervo; Jesucristo, que fue enviado para predicar y dar a conocer el Evangelio, invitando al arrepentimiento para que así pudiera, la nación de Israel, entrar a la gran cena (el Reino de los Cielos).

Fue entonces cuando todos esos invitados, rechazaron al siervo; los judíos israelíes rechazaron a Jesús como el Mesías, como el hijo de Dios, y lo entregaron a los romanos. Y el siervo hizo saber al padre que los invitados habían, todos, rechazado la invitación a la gran cena en su Reino. Entonces el padre se enfureció al conocer esta noticia, y en aquel momento el Padre le dijo al siervo (Jesús) que saliera por las calles y las plazas de la ciudad, para meter en la casa (del Padre) a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

Es posterior a esto, que el siervo (Jesús) le dice a su Padre que aún hay mucho espacio en su casa para recibir más gente, más invitados, y entonces su Padre le dijo  que marchara por los caminos y los vallados y ponga a la gente bajo necesidad, o sea, que impusiera en sus mentes y en sus corazones la necesidad de la salvación y del perdón de sus pecados.

Entonces, todos esos judíos que creyeron en Jesús, además del resto de la gente, se volvieron los invitados a esa gran cena, a ese gran momento y evento que sería la invitación al Reino de Dios Padre, todopoderoso. Y, en cambio, todos aquellos que rechazaron la invitación al Reino de los Cielos, no entrarán, no disfrutarán de esa grandiosa cena y morirán en sus pecados.

Parábola de la gran cena versículo

Luc 14:15   oyendo esto uno de los que estaban sentados con Él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.

Luc 14:16  Él entonces le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.

Luc 14:17   a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los que habían sido convidados: Venid, que ya todo está preparado.

Luc 14:18   comenzaron todos a una a excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.

Luc 14:19    el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.

Luc 14:20   el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

Luc 14:21   vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y mete acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

Luc 14:22   dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.

Luc 14:23    dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

Luc 14:24   Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.

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