Día 7 Mansedumbre de San Judas Tadeo

Hija de la humildad es la mansedumbre de Tadeo. San Judas como apóstol tan humilde, no podía menos de imitar muy de cerca de su Primo y Maestro Jesús, quien nos dice: “Aprendan de mí a ser mansos y humildes de corazón. Miren que yo los envío como coderos entre lobos. Si alguno te hiere en la mejilla derecha, vuélvele la otra; y al que quiere armarte pleito para quitarte la túnica, alárgale también la capa. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra”.

Toda esa doctrina del Salvador sobre la necesidad que tenemos de mostrarnos mansos y amables con nuestros semejantes, la practicó San Judas Tadeo de un modo especial, no sólo en la bondad de su rostro, en lo amable de su vista y palabras, en lo alegre aún en los mayores desprecios y contradicciones que por Jesucristo padeció, sino resplandeciendo como el sol en presencia de Agábaro, admitiendo gustoso los cárceles, y halagando las fieras que los magos le arrojaron, por venganza de la victoria que de ellas, con solo la señal de la cruz, obtuvo.

Pidamos a San Judas Tadeo que seamos lo que su nombre significa: dulces, misericordiosos, benignos, amables y mansos para que después de haber poseído la tierra de los corazones, prometida por Nuestro Señor a los mansos, lleguemos felizmente a la tierra prometida de la Gloria.

Oración final, repetir 3 veces:

Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.



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