Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados



El “hambre y sed” son una necesidad del ser humano para subsistir a través del alimento o la bebida, pero en esta bienaventuranza, se puede asociar con la ambición de muchas personas en alcanzar cosas materiales que el mundo les ofrece, que les cuesta para lograrlas, y aun cuando las alcanzan, no se sienten satisfechas, no se sienten totalmente saciadas.

Lamentablemente cuando no tenemos la  misma “hambre y sed” por las cosas espirituales, realmente no somos dichosos, porque no somos “bienaventurados” ante los ojos de Dios.

Esta bienaventuranza es el resultado de las anteriores, ya que representa a que todos los que estuvieron dispuestos a renunciar a cualquier cosa propia,  ya están totalmente vacíos, preparados y dispuestos para ser saciados.

Cuando Jesucristo en sus bienaventuranzas hablaba de “hambre y sed”, estas no eran físicas, sino espirituales, y representan el vivo deseo de alcanzar la justicia de acuerdo a la voluntad de Dios.

Pero, nos podemos preguntar si ¿un ser que es feliz puede tener sed y hambre de justicia?

Comúnmente, la justicia significa integridad, rectitud, hacer lo correcto o darle a cada parte lo que le corresponde, pero desde el punto de vista del cristianismo, la justicia es vivir de la manera correcta con el propósito de Dios.

Una vez más se trata de nuestras actuaciones, de lo que es correcto y justo ante Dios, y que nos otorga una gran bendición muy justa, como son la paz y la tranquilidad interna.

El verdadero creyente tendrá un profundo apetito por las cosas espirituales, cuando esto sucede la persona es dichosa, ya que está saciando su hambre y su sed con las bendiciones de Dios.

 

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