Creo en el Espíritu Santo

El Espíritu Santo, más que palabras, es una verdadera vivencia y una realidad. No solo es Decir «creo en el Espíritu Santo», esto tiene que ser una testificación irrefutable de quien ha entendido en su vida, la poderosa acción que logra el Espíritu de Dios.Pero si no nos acoplamos con el Espíritu Santo, tal y como debería de ser.

No podremos contemplar las maravillas de sus acciones, la última parte del Credo se transforma por completo en un índice de fórmulas:Donde la Iglesia que conocemos se reducirá a una organización folclórica, la llamada comunión de los santos pasara a ser solo una teoría inútil, el perdón de los pecados seria simplemente un objetivo inalcanzable.

La resurrección de la carne seria un irracional deseo y la vida eterna una utopía delirante sin ningún valor.Cabe destacar que en la última Cena, Jesús hizo a sus doce apóstoles una poderosa promesa. Dijo; que no los dejaría «huérfanos», sino que enviaría al Espíritu Santo, quien será su «Consolador», que estará siempre con ellos y sobretodo «en ellos», recordándoles siempre todas aquellas cosas que él les había enseñado, guiándoles a toda verdad.

Sumado a lo expuesto, el Espíritu Santo según esa promesa donde afirma «Él estará en ustedes» (Jn 14, 17). Quiere decir;    que antes Jesús estaba con ellos. Pero ahora, dejo de ser algo externo para convertirse en algo interno, estando igualmente a su lado, pero esta vez «dentro de ellos».

 

684 El Espíritu Santo con su gracia es el “primero” que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que es: “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17, 3). No obstante, es el “último” en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad . San Gregorio Nacianceno, “el Teólogo”, explica esta progresión por medio de la pedagogía de la “condescendencia” divina:

«El Antiguo Testamento proclamaba muy claramente al Padre, y más obscuramente al Hijo. El Nuevo Testamento revela al Hijo y hace entrever la divinidad del Espíritu. Ahora el Espíritu tiene derecho de ciudadanía entre nosotros y nos da una visión más clara de sí mismo. En efecto, no era prudente, cuando todavía no se confesaba la divinidad del Padre, proclamar abiertamente la del Hijo y, cuando la divinidad del Hijo no era aún admitida, añadir el Espíritu Santo como un fardo suplementario si empleamos una expresión un poco atrevida … Así por avances y progresos “de gloria en gloria”, es como la luz de la Trinidad estalla en resplandores cada vez más espléndidos» (San Gregorio Nacianceno, Oratio 31  [Theologica 5], 26: SC 250, 326 [PG 36, 161-164]).

685 Creer en el Espíritu Santo es, por tanto, profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad Santa, consubstancial al Padre y al Hijo, “que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria” (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150). Por eso se ha hablado del misterio divino del Espíritu Santo en la “teología trinitaria”, en tanto que aquí no se tratará del Espíritu Santo sino en la “Economía” divina.

686 El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Pero es en los “últimos tiempos”, inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. Entonces, este designio divino, que se consuma en Cristo, “Primogénito” y Cabeza de la nueva creación, se realiza en la humanidad por el Espíritu que nos es dado: la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, la vida eterna.

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