Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados



Esta es la segunda bienaventuranza que Jesús enseño a sus discípulos, que podría interpretarse como felices los que lloran, aunque el llanto es una expresión natural del ser humano, ya bien sea por tristeza o felicidad.

Para nuestro mundo el mayor bienestar de la vida es la alegría, que encierra la búsqueda de saciar placeres como reírse, disfrutar, comer, embriagarse; y una gran pena o castigo es la tristeza que se refiere a pérdida, enfermedad, ruina, fracaso o sufrimiento, pero a menudo no nos tomamos la molestia de buscar la verdad hasta que la adversidad nos fuerza a hacerlo.

Con esta bienaventuranza,  Jesús no se refiere a los que lloran por una desgracia, un fracaso, una traición, desesperanza, enfermedad o luto, sino más bien a quienes lloran por que han admitido su pobreza espiritual, lamentando su adversidad,  reconociendo sus pecados y arrepintiéndose por ello.

¿Qué significado tiene ser consolado?

El acto de arrepentimiento es otro de los principios de  la fe cristiana, que viene dado más que por reconocer que se ha actuado mal, por apartarse del pecado y entregarse a Dios en busca de la verdad para recibir su perdón, con el sincero deseo de seguir su camino.

Así como la pobreza espiritual no es algo material, también lo son los que lloran estando conscientes de su necesidad espiritual, porque tendrán la bienaventuranza de ser consolados en el acto de arrepentimiento de sus pecados.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados
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