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Santa Margarita de Cortona. Santo del día 22 de febrero.


Santa Margarita de Cortona. Fue una franciscana de la Tercera Orden, celebrada como santa por la Iglesia católica el día 22 de febrero. Nace en Italia en el año 1247, hija de agricultores, Margarita es feliz junto a su madre que era muy piadosa, le enseña a rezar y ofrecer por la salvación y conversión de los pecadores.

santa margarita de cortona

De muy pequeña, terminaría por quedar huérfana de madre, y su padre se casa nuevamente con otra mujer, una muy distinta a su bondadosa madre. La nueva madrastra de Santa Margarita de Cortona, resulta ser cruel y le haría muy difícil la vida a la pequeña niña, quien comienza a desconfiar de su propio hogar y comienza a buscar su alegría fuera del mismo.

A sus 17 años, Santa Margarita de Cortona escapa con un hombre quien dice amar, necesitada de ese amor que aún no conocía. Durante la huida, viajan en balsa por un río en el que casi corren peligro de muerte, pero la santa es salvada por su amado, y a pesar de que ella lo ve como una llamada de Dios, las promesas del pecado son más fuertes en ese momento, por lo que se mantiene al lado de aquel hombre.

santa margarita de cortona

Santa Margarita de Cortona viviría 8 años de pecado con aquel hombre que era un terrateniente, llenándola de lujos, fiestas y placeres, aunque Margarita estaba consciente de que su alma no era feliz. Para intentar calmar su remordimiento por su vida de pecadora, se dedicaría a repartir limosnas entre los pobres.

Un día se retira a un apartado bosque a llorar en soledad y exclama: “Oh Dios, que bueno es poder hablarte, aunque el alma se siente tan débil y pecadora, Te repito las palabras del hijo prodigio: He pecado contra el cielo y contra Ti”. 

Al morir su compañero, Santa Margarita de Cortona viaja con su pequeño hijo a Cortona, en donde decide unirse a los franciscanos, quienes se encargaron de cuidarla y educar a su pequeño niño que también se convertiría en franciscano. Muere un 22 de febrero de 1297, mitad de su vida la pasaría en el pecado y a otra, haciendo penitencias y buenas obras, aprendiendo a perdonarse y a agradecer el amor que Dios le había ofrecido.