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San Juan de Sahagún. Santo del día 12 de junio.


San Juan de Sahagún. Un gran sacerdote y eremita agustino español. Nacido originalmente bajo el nombre de Juan González del Castrillo, realiza sus primeras instrucciones en el Monasterio de San Benito de Sahagún. La Iglesia Católica celebra a este santo el día 12 de junio.

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Sería educado por los monjes benedictinos, y ya para entonces demostraría su gran inclinación hacia la vida del sacerdocio. De esta forma, el obispo le guiaría para continuar con sus estudios sacerdotales, y finalmente, ordenarlo como sacerdote, nombrándolo secretario y canónigo de la catedral. Pero San Juan de Sahagún no se sentiría muy cómodo con estos cargos, así que pediría con el tiempo, ser nombrado párroco de una humilde parroquia de arrabal.

Pasado varios años de su sacerdocio, San Juan de Sahagún se sentiría atraído en especializarse en teología, y terminaría matriculándose como estudiante de la Universidad de Salamanca. En aquella universidad, San Juan de Sahagún estudiaría durante unos cuatro años, hasta dar por finalizados sus estudios teológicos.

En un principio, Juan era un desconocido para todos, pero en el momento que fue invitado a realizar un sermón en honor a San Sebastián, quien era el patrono de uno de los colegios, su predicación sería tan cautivadora y elocuente, que agradaría a muchos, comenzando a popularizarse entre a gente de la ciudad.

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Se dice que San Juan de Sahagún sería un hombre que destacaba por su extrema amabilidad, sin distinción. Era muy devoto al Santísimo Sacramento, y amigo de todos. Muchos lo comparaban con un ángel al verlo rezar en sus horas de contemplación y meditación. Pasaba e día entero visitando a los enfermos y tratando de traer paz a familias desunidas, y dedicaba también largas horas a ayudar a los pobres.

San Juan de Sahagún solía predicar con fuerza contra los ricos que explotaban a los pobres. Por esta razón, un día un rico presente en sus predicaciones, pagaría a varios delincuentes para darle una paliza al santo. Pero al llegar ala escena, sentirían un gran terror, tan grande que no serían capaces de moverse. Más adelante los maleantes confesarían lo ocurrido.